Que bien ha venido irme al pueblo.
Es otro rollo, olvidarte de todo estar allí, con tu gente.
Otro ambiente, totalmente diferente.
¿La ciudad? Sí, es necesaria.
El ruido, el alboroto de la gente,
las prisas que lleva todo el mundo...
Pero el pueblo, siempre será el pueblo.
Su tranquilidad, su olor a fresco,
tanto viejo y tanta burra.
El bar, eterno punto de reunión.
El parque, testigo de tantas borracheras
y la discoteca, bueno, no esta mal para ser un pueblo.
Lo que importa no es cuantos sitios hay,
ni hasta que nivel nos emborrachemos.
Lo importante es la gente con la que vamos a esos sitios
y con la que nos emborracharnos hasta no poder más.
Lo que importa es recordar esos pocos días que vas como los mejores desde hacia demasiado tiempo, y no querer olvidar los.
Conocer gente nueva cada vez que vas, encontrar...otra vía de escape.
Éste, mi pueblo, es de lo mejor que me ha pasado en la vida.
Abenójar.
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